Artículo del Presidente Nursultan Nazarbayev

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Presidente de Kazajstán Nursultan Nazarbayev

El destino y las perspectivas de la OSCE

 

Al comenzar la actividad inherente a la presidencia de un organismo internacional tan influyente como es la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), quisiera abordar algunos asuntos que considero de gran importancia. Me refiero al futuro y a las perspectivas de la OSCE y a su posición en el nuevo orden mundial: ¿Se adaptará la OSCE en su formato actual a las realidades en continuo cambio del siglo XXI? El futuro se crea desde el presente y la OSCE ha de participar activamente en este proceso. Una organización de tan gran magnitud y que ocupa un espacio que se extiende desde Vancouver a Vladivostok, debe ocuparse de los problemas más arduos y apremiantes del mundo actual. Kazajstán, en su calidad de presidente de turno de la OSCE, actuará de acuerdo con esta idea.

 

Somos conscientes de que un año no es un periodo suficiente para resolver todos los problemas que recaen en la responsabilidad de la OSCE, y tampoco somos partidarios de hacer una revolución en el seno de la organización, pero tampoco queremos actuar por inercia.

 

Como Jefe de un Estado soberano valoro la presidencia de la OSCE, que este año ostenta Kazajstán, no sólo como un proyecto estratégico nacional y como testimonio del creciente prestigio internacional de mi país, sino también como una oportunidad de otorgar a la Organización un nuevo aliento,  un nuevo impulso.

 

Por eso pienso en los principios y las etapas más importantes de la historia de la OSCE. ¿Cuáles son las razones de su éxito internacional? ¿Cuáles son las principales lecciones que se extraen de su actividad? ¿Como podemos resucitar y fortalecer “el espíritu de Helsinki”?

 

CSCE – un factor global para disminuir la tensión internacional

 

En el ya lejano 1973, en Ginebra y Helsinki se inició la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE) que abarcaba a 33 países europeos,  a los Estados Unidos de América y a Canadá. Fue un momento decisivo para el mundo cuando en el marco de la CSCE se unieron  los esfuerzos de los países-miembros de la OTAN, los de la Organización del Tratado de Varsovia y los de los países neutrales del continente europeo.

 

Fue una de las etapas más complicadas y críticas de la historia moderna, y cuando la tensión en las relaciones de los dos bloques político-militares opuestos había llegado a su apogeo. La llamada “guerra fría”, en el caso de una degeneración de la situación, podía transformarse en una “guerra caliente”. Hizo falta la valentía política de los líderes de las potencias mundiales para evitar un apocalipsis nuclear y dar paso a un encuentro.

 

El resultado más importante de este trabajo fue el Acta final firmada en Helsinki en 1975. La CSCE marcó un triple progreso en la geopolítica del siglo XX.     En primer lugar, se produjo un avance para conjurar la amenaza de transformación de la “guerra fría” en una guerra nuclear. En segundo lugar, fue el primer ejemplo de diálogo institucional fructífero entre  Oriente y  Occidente. En tercer lugar, constituyó un avance desde el punto de vista de la cooperación entre las dos ideologías.

 

Al principio, la CSCE desempeñó un papel global en un mundo bipolarizado, contribuyendo al avance simultáneo en las tres dimensiones citadas. Sin embargo, para un foro político es bastante difícil conservar el nivel alcanzado y seguir ejerciendo influencia en los procesos mundiales. La CSCE no fue una excepción.

 

Digámoslo abiertamente: en 1975 se creó no sólo “el espíritu” sino también la “marca” del proceso de Helsinki. Pero en las últimas décadas esta marca se ha decolorado y ha perdido una parte de su fuerza y atractivo. La tarea de los políticos de hoy debe centrarse no sólo en restablecer esta marca sino también en dotarla de nuevo brillo y energía.

 

La OSCE en el periodo de la desintegración del mundo bipolar

 

En la frontera de los años 80 y 90 del pasado siglo tuvieron lugar  cambios muy profundos. Se desplomó la Unión Soviética, se desintegró la Organización del Tratado de Varsovia, se reunificó Alemania, desapareció Yugoslavia… Y se creó la Comunidad de Estados Independientes con la participación directa de Kazajstán.

 

En este periodo difícil y contradictorio, la CSCE desempeñó cierto papel estabilizador,  dio pasos para fortalecer las medidas de confianza y de seguridad y prestó apoyo a las transformaciones democráticas y de mercado en los países de Europa Central y Oriental y en los estados de Eurasia. Baste recordar la Carta de París para una nueva Europa y el Tratado sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, así como otros documentos de importancia estratégica.

 

A mediados de la última década, la CSCE pasó de ser un foro de diálogo político a convertirse en una organización transnacional: la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). La renovada organización adoptó en 1996 la declaración “Sobre el modelo de una seguridad común y universal para la Europa del siglo XXI”, en la que se ponía de manifiesto la necesidad de construir una Europa única, pacífica y democrática, que no tuviera líneas de separación.

 

Al mismo tiempo es evidente que la Organización redujo gradualmente su atención hacia los asuntos políticos y aumentó considerablemente su actividad en el ámbito del desarrollo de la cooperación económica.

 

La OSCE en las realidades geopolíticas modernas

 

El comienzo del siglo XXI ha estado marcado por una transformación seria y profunda de las relaciones internacionales. La vulnerabilidad de los países frente al extremismo ha constituido un impulso para fomentar la cooperación multilateral en la  lucha contra las amenazas a la seguridad global y regional.

 

Otro reto para la seguridad internacional lo constituye el debilitado régimen del Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares y la ampliación forzada del círculo de los llamados “estados umbral”, que están muy cerca de hacerse con armas nucleares o ya las tienen.

 

El inmenso espacio de la OSCE es hoy también escenario de problemas. Los cambios en el equilibrio político en el continente, los “conflictos congelados”, la situación complicada en torno al Tratado sobre las Fuerzas Armadas convencionales en Europa… estos y otros asuntos constituyen motivo de preocupación de muchos países que forman parte de la OSCE.

 

Finalmente, la crisis financiera y económica que se propagó en todo el mundo volvió a mostrar la necesidad de unir los esfuerzos de todos los países, y desde luego, de los países-miembros de la OSCE, para crear un nuevo orden mundial más justo y predecible.

 

Al llegar a este punto quisiera resaltar otra tendencia importante que afecta no sólo a la OSCE sino a los procesos globales en general. En el mundo actual vuelve a surgir la situación de desigualdad entre países a la hora de participar en la resolución de problemas que son importantes para todos. Incluso las potencias mundiales empiezan a darse cuenta de que una situación así no es productiva y está lejos de ser justa. En este sentido la ampliación del formato G-8 hasta el G-20 ha sido un cambio positivo, pero no aporta cambios radicales a la situación.

 

Supongo que todos podemos comprender algo simple: la lógica misma del desarrollo global necesita que se refuerce el papel de los países medios que son mayoría en el mundo actual. A mi parecer, el papel de los países medios es importante y hay que lograr que se adopten las decisiones estratégicas globales sobre la base de acuerdos unánimes.

 

Hoy día la OSCE está considerada como una de las estructuras más importantes del mundo, y abarca un espacio político y geográfico inmenso. Pero la fragmentación de los tres espacios, y la inserción insuficiente del espacio euroasiático en el proceso del desarrollo del potencial de la Organización,  constituye el talón de Aquiles de la OSCE.

 

En los últimos 35 años muchas organizaciones internacionales y países enteros han desaparecido sin dejar huella. Al mismo tiempo han aparecido nuevas organizaciones y asociaciones, y ha cambiado radicalmente el mapa político de Europa. Por eso, dentro de la actividad de la OSCE es importante propiciar la interacción con nuevas organizaciones regionales que gozan de gran influencia y desarrollo. La aparición de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y de la Unión Económica de Eurasia marcan una realidad totalmente diferente de la que existía en la época de la Unión Soviética. Con la Organización de Cooperación de Shanghai surge un nuevo sistema de estructuración del espacio en una parte inmensa de la OSCE. Han aparecido proyectos innovadores como la Conferencia sobre la Interacción y las Medidas de Confianza en Asia (CIMCA) que es un arquetipo del sistema de seguridad colectivo asiatico. Basándose en la experiencia europea y en los logros de la OSCE, la CIMCA sigue llevando adelante su institucionalización y es cada vez más reconocida en el continente asiático.

 

Por tanto la OSCE debe fortalecer la práctica de contactos positivos con otras estructuras regionales. Una interacción decidida con otras organizaciones puede dar un nuevo impulso a la OSCE, abrirle nuevos horizontes y marcar nuevos puntos de referencia. Con el apoyo de otros estados, Astana podría convertirse en una plataforma para el diálogo interinstitucional y suprarregional.

 

La presidencia kazaja en la OSCE: continuidad e innovaciones

 

Querría poner de relieve que Kazajstán actúa siguiendo el acervo de la OSCE. Reconocemos que su actividad fundamental ha de basarse en las principios, estándares y normas existentes, que Kazajstán no va a rechazar porque constituyen el espíritu de la OSCE.  

Kazajstán garantizará la debida continuidad de la presidencia griega.

 

Creo que la presidencia de Kazajstán en la OSCE puede ser el comienzo de una nueva etapa en las relaciones entre Oriente y Occidente y contribuir al fortalecimiento de una confianza mutua. Nuestro país ha establecido relaciones constructivas con todos los países al este y al oeste de Viena y puede ser un intermediario activo y eficaz entre las partes en situaciones de conflicto.

 

Estoy convencido de que la OSCE es una plataforma óptima para debatir acerca de los problemas relativos a la seguridad. En este sentido nosotros prestamos especial atención al “Proceso Corfú” que, indudablemente, dará impulso a la comprensión de una seguridad total e indivisible en el espacio de la OSCE.

 

A mi juicio la organización no debe rechazar los debates acerca de  iniciativas estratégicamente importantes, como el Tratado sobre la Seguridad en Europa.

 

 

Otra amenaza global de los últimos tiempos la constituye el problema del extremismo, al que han de enfrentarse prácticamente todos los países miembros de la OSCE. Por eso, cuando se trata de asuntos globales de seguridad, la Organización no puede ser indiferente en lo que respecta al terrorismo y al extremismo que, como lo metástasis de un cáncer, poco a poco va afectando a toda la civilización mundial.

 

Es muy importante reconocer el factor histórico, esencial y relevante por el que la OSCE pasó de ser una  organización europea continental a transformarse en una organización de carácter transcontinental, por su ámbito de responsabilidad y de actividad. Hoy la constituyen los países de Europa, Asia Central y EEUU.

 

Por eso sería más correcto hablar, no de la seguridad europea sino de la seguridad eurasiática. Hoy resulta imposible garantizar una seguridad europea estable sin tener en cuenta la dimensión asiática. La seguridad en el mundo moderno, incluida Europa, no está condicionada solamente por amenazas potenciales de una agresión militar masiva, procedente de países y ejércitos regulares, sino también por amenazas de posibles atentados terroristas y conflictos que tienen su raíz en las diferencias étnicas y confesionales.

 

La seguridad de nuestros países es inseparable de la seguridad de nuestros vecinos, aunque no sean miembros de la OSCE. En este sentido,  Kazajstán, como país que preside la Organización, se esfuerza en hacer frente a nuevos retos y patrocina una serie de importantes  proyectos en la esfera de la lucha contra el terrorismo,  contra diferentes tipos de tráfico y fortalecimiento de las fronteras.

 

Como es sabido, 43 de los 56 países-miembros de la OSCE participan, de una u otra manera, en las operaciones militares o en la recuperación de la economía en Afganistán. Y hay que reconocer que sin organizaciones regionales será difícil resolver el problema afgano. La OSCE tiene que encontrar su propio papel en este gran trabajo y Afganistán podría ser un puente entre diferentes organizaciones regionales.

 

Kazajstán, al prestar una atención  prioritaria al proceso de rehabilitación y recuperación post-conflicto de este país, presta ayuda a las fuerzas de coalición en Afganistán. Al mismo tiempo estamos convencidos de que no existe una resolución militar del problema afgano. Kazajstán, como muchos otros países, desea un Afganistán estable y pacífico y va a centrarse sobre todo en proyectos de  carácter humanitario. Así, a pesar de la crisis financiera mundial, hemos tomado la decisión de destinar 50 millones de dólares para que ciudadanos de Afganistán puedan formarse profesionalmente en las universidades de Kazajstán. Otros países miembros de la OSCE podrían elaborar programas similares en diferentes esferas.

 

En este contexto no podemos infravalorar el papel del foro asiático – la Conferencia para la Interacción y medidas de Confianza en Asia (CICA) – cuyos  objetivos en materia de seguridad son similares a los de la OSCE. Afganistán es un miembro de pleno derecho de la CICA y participa en la realización de una serie de  medidas prácticas como, por ejemplo, en la lucha contra el narcotráfico.

 

Hoy en día, cuando todo el mundo está luchando contra las consecuencias de la crisis global económico-financiera y diseña estrategias de desarrollo postcrisis, las cuestiones relativas a la economía y la ecología global desempeñan un papel primordial. Sin embargo, muchos países miembros de la OSCE, que forman parte de diferentes grupos como G-8, G-20, o la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), debaten de forma prioritaria este grave  problema actual. Pero en el marco de la OSCE los problemas de crisis y anticrisis no han sido discutidos ni siquiera a  nivel facultativo.

 

Estoy seguro de que una mayor atención a los asuntos de la “segunda cesta” permitirá dar a la actividad de la OSCE un mayor contenido real. Durante la presidencia de Kazajstán ocuparán un lugar decisivo los temas relacionados con la seguridad ecológica, cuya resolución exitosa es inviable sin un conjunto de recursos y esfuerzos coordinados de toda la organización. Se trata no sólo del mar de Aral y del campo de ensayos nucleares de Semipalatinsk, sino de otros muchos problemas que tienen lugar en Asia Central, Europa y otras regiones del espacio de la OSCE.

 

Las prioridades de la presidencia kazaja se dirigen también a hacer frente a  problemas relativos al desarrollo del potencial de transporte y comunicación de la Organización. A causa de una serie de circunstancias geográficas, históricas y económicas, los países de Asia Central tienen un gran potencial de comercio y tránsito, como para constituir un puente estable y seguro entre los países del Este y del Oeste. En este contexto, cobra especial importancia el programa estatal “Camino hacia Europa”, basado en asuntos actuales de tránsito, transporte y logística. Kazajstán se esfuerza en la creación acelerada del corredor de transporte “Oeste de China – Oeste de Europa”. Unido a otros grandes proyectos, este corredor va a contribuir a la rápida recuperación de la “Gran Ruta de la Seda”, pero en las condiciones del siglo XXI.

 

Los asuntos de la “tercera cesta” ocupan tradicionalmente un lugar estratégico en el trabajo de la OSCE. Kazajstán va a prestarles una gran atención durante la presidencia, porque una auténtica seguridad en el espacio de la OSCE no se puede dar sin el respeto y la protección de los derechos y libertades democráticos fundamentales.

 

Kazajstán ha dado pasos muy importantes en la adhesión a los valores democráticos, dirigidos al perfeccionamiento de la legislación sobre elecciones, partidos políticos, medios de comunicación, o autogobierno regional. También se  ha aprobado el Plan Nacional de actividades en la esfera de los Derechos Humanos para 2009-2012, así como la elaboración de la política jurídica para los años 2010-2020. Recientemente he firmado la Ley de la Igualdad de Género. También vamos a consolidar la lucha contra la violencia doméstica y a introducir enmiendas en la legislación relativa a la protección de los derechos de los niños.

 

Cabe destacar que, actualmente, en todo el espacio de la OSCE  han surgido problemas en el ámbito de las relaciones internacionales e interreligiosas. Está muy candente el problema de la migración laboral ilegal y de la integración en la  sociedad del país de acogida. Se observa un conflicto entre los sistemas de valores establecidos en Europa y los que traen esos crecientes movimientos migratorios. Pero en la parte asiática del mundo los problemas son también muy acuciantes.

 

Un grupo de estados emergentes independientes, que surgió en la unión de los dos siglos, se orientó hacia su integración en el mundo moderno. Estos países emergentes escogieron el camino de la libertad y la democracia.

 

Al llegar a este punto quisiera hacer una distinción entre aspiraciones políticas y modelos de civilización. Hoy es evidente que “el mundo unidimensional” y “la civilización universal” son utopías arcaicas. No se puede ignorar la forma  de vida, las costumbres, la cultura, la historia étnica de las diferentes regiones del mundo. En caso contrario esto puede ocasionar una crisis fundamental, en cuya base se cimentará la oposición social, cultural, y religiosa al modelo de desarrollo occidental. Pero también es justo que los valores de la civilización occidental sean respetados sin condiciones por otras regiones del mundo, así como por las diásporas étnicas que se han asentado en las sociedades occidentales.

Como se ha encargado de demostrar  la crisis económico-financiera, no podemos idealizar estereotipos económicos, cuanto más ideas políticas más dinámicas. Estamos profundamente convencidos de que muchos problemas urgentes del mundo moderno sólo pueden ser resueltos con esfuerzos colectivos para conseguir consensos.

 

Kazajstán, como estado multinacional y policonfesional, partidario del diálogo intercultural e intercivilizaciones, planea utilizar el gran potencial de la Organización para superar con eficacia la intolerancia religiosa, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo. Estos fines no sólo se los plantea Kazajstán en el marco de la OSCE, sino también durante la presidencia de organizaciones como la CICA, la OCS, la Comunidad Económica de Eurasia (EurAsEC), la Organización de la Conferencia Islámica y TURKSOY. Recordaré también que, por iniciativa de Kazajstán, la ONU aprobó la resolución por la que 2010 es el año internacional del acercamiento de culturas.

 

Nuestra tarea va a ser transmitir a nuestros socios  la experiencia acumulada en la esfera de la concordia internacional e interconfesional. Un papel positivo en este sentido lo va a desempeñar la Conferencia de alto nivel de la OSCE sobre tolerancia y no discriminación, prevista  para este año. Siendo un estado laico con mayoría de población musulmana y miembro de la Organización de la Conferencia Islámica, Kazajstán, como presidente de la OSCE, asume una especial responsabilidad en el acercamiento de las civilizaciones musulmana y cristiana, y en la profundización del entendimiento entre Este y Oeste. Este objetivo común se vería favorecido con la activación del diálogo entre la OSCE y la Organización de la Conferencia Islámica.

 

En 2010 se cumplen 35 años de la firma del Acta final de Helsinki, 20 años de la Carta de París, y 65 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La coincidencia de estos acontecimientos tiene un carácter profundamente simbólico y comporta especiales obligaciones a la Organización y su actual presidente. Pensamos que la mejor manera de comprender estos hitos históricos sería la celebración en 2010 de la Cumbre de los países de la OSCE en la capital de Kazajstán: Astaná, que se ubica en el centro de Eurasia.

 

He de recordar que la anterior cumbre de la OSCE en Estambul tuvo lugar hace 10 años, en 1999, aunque según la normativa de la organización, tiene que celebrarse cada 2-3 años. En este sentido,  agradecemos de todo corazón a Rusia, Francia, Italia, España, Austria, Turquía, Serbia, Eslovenia, Bielorusia, y otros países-miembros de la OSCE, que apoyaron activamente la idea de celebrar esta cumbre en nuestra capital.

 

A este foro tan importante corresponden asuntos realmente relevantes y urgentes de la esfera internacional. Como la creación de un espacio único de seguridad, la realización del “Proceso Corfú”, y la rehabilitación y ayuda a Afganistán. Además Kazajstán piensa incluir en la agenda de la Cumbre la cuestión de la elaboración del Programa de actividades de garantía del acuerdo interétnico e interconfesional. La celebración exitosa de este encuentro de Jefes de Estado sería un símbolo del renacimiento del espíritu de Helsinki en nuevas condiciones históricas.  La Cumbre dará a los líderes de los países-miembros de la OSCE la oportunidad única de discutir y determinar importantes prioridades para el futuro.   

 

Empezamos nuestra presidencia en la OSCE con intenciones muy claras y queremos resolver los problemas concretos de la Organización. Kazajstán valora sensatamente sus posibilidades, pero se pone unos puntos de referencia muy altos. Su logro aportará beneficios tanto para nuestro país como para la OSCE.

 

Kazajstán cree en el éxito de la presidencia en la OSCE en 2010, interpretando ese éxito no sólo como la defensa eficaz de sus propios intereses sino también como el avance de la Organización hacia su adaptación eficaz a las condiciones cambiantes del siglo XXI.

 

Kazajstán cree necesario lograr un estatuto legal internacional de la OSCE más desarrollado y tiene la intención de seguir coordinando nuestro trabajo conjunto para preparar los documentos necesarios.

 

Somos realistas y reconocemos con claridad que el proceso de renovación de la OSCE no se limita al año 2010, sino que es una tarea de largo alcance. Kazajstán como miembro activo de la organización quiere implicarse en el trabajo minucioso y largo que se ha de llevar a cabo.

 

Kazajstán invita a todos los países miembros de la OSCE a que demuestren su voluntad de actuar en interés de todos, de acuerdo con objetivos y prioridades colectivos. Su consecución apoyará y reforzará la OSCE y elevará la confianza y el respeto hacia la organización.

 

La OSCE debe demostrar a todo el mundo que no sólo era eficaz en los tiempos de la “guerra fría”, sino que sigue siendo una estructura activa  estrechamente ensamblada en el tejido de la política y de la actual  economía global.

Mensaje de saludo
de su Excelencia el
Embajador

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